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En cuanto a vosotros, casa de Israel, esto dice el Señor Dios: ¡Servid, servid, cada uno a vuestros ídolos! Pero más tarde, sí, me escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos; (Ezequiel 20, 39)
Y sabréis que yo soy el Señor, cuando actúe con vosotros en honor a mi nombre, y no con arreglo a vuestra detestable conducta, oh casa de Israel, dice el Señor Dios. (Ezequiel 20, 44)
Por tanto, esto dice el Señor Dios: Por haber pregonado con jactancia vuestros crímenes, descubriendo vuestras rebeliones y manifestando vuestros pecados en todo vuestro proceder; por haber llamado así la atención sobre vosotros, por eso seréis castigados. (Ezequiel 21, 29)
para descargarla -mientras tú recibes visiones falsas y se te adivinan presagios mentirosos- sobre el cuello de los viles criminales, cuya hora ha llegado con el fin de sus crímenes! (Ezequiel 21, 34)
Desencadenaré sobre ti mi furor, soplaré contra ti el fuego de mi cólera y te entregaré en manos de hombres crueles, agentes de destrucción. (Ezequiel 21, 36)
"Hijo de hombre, la casa de Israel se ha convertido para mí en escoria; todos son cobre, estaño, hierro y plomo en el horno. Tan sólo escoria. (Ezequiel 22, 18)
Por eso he desencadenado mi furor sobre ellos, los he exterminado con el fuego de mi cólera y he hecho caer su proceder sobre su cabeza", dice el Señor Dios. (Ezequiel 22, 31)
te reclinaste luego sobre un magnífico diván, ante el cual había una mesa dispuesta en la que pusiste mi óleo y mis perfumes. (Ezequiel 23, 41)
Yo dije entonces sobre la ciudad consumida por la disolución: ¿También ella continuará ahora cometiendo sus detestables acciones? (Ezequiel 23, 43)
Haré recaer sobre vosotros vuestra infamia, cargaréis con los pecados de vuestra idolatría y sabréis que yo soy el Señor Dios". (Ezequiel 23, 49)
"Hijo de hombre, pon por escrito esta fecha, porque el rey de Babilonia se ha lanzado sobre Jerusalén justamente en este día. (Ezequiel 24, 2)
Porque esto dice el Señor Dios: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla toda roñosa, cuya herrumbre no se quita! Vacíala trozo a trozo, sin echar suerte sobre ella, (Ezequiel 24, 6)