Mosaico decorativo

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  • Pero, después de invocar el auxilio de Dios omnipotente, cuya fuerza aplasta los poderes enemigos, se apoderaron de la ciudad y mataron a veinticinco mil de los que había dentro de ella. (II Macabeos 12, 28)

  • Después de celebrar consejo con los ancianos, resolvió tomar la ofensiva y salir a resolver la situación antes de que el ejército del rey pudiera poner pie en Judea y se apoderara de la ciudad. (II Macabeos 13, 13)

  • Lo puso todo en manos de Dios y exhortó a sus tropas a luchar heroicamente hasta la muerte por las leyes, por el templo y la ciudad, por la patria y las instituciones de los mayores. (II Macabeos 13, 14)

  • Razías, uno de los ancianos de Jerusalén, varón amante de la ciudad, de muy buena fama y llamado por su bondad "padre de los judíos", fue denunciado a Nicanor. (II Macabeos 14, 37)

  • Onías tomó la palabra y dijo: "Éste es el amante de los hermanos, que ora mucho por el pueblo y por la ciudad; es el profeta de Dios, Jeremías". (II Macabeos 15, 14)

  • Animados con estas palabras de Judas, sumamente bellas y aptas para enardecer los corazones de los jóvenes, determinaron no estarse a la espera en el campo, sino más bien lanzarse valerosamente y luchar con todo brío; y así decidieron la causa, pues peligraba la ciudad, las cosas santas y el templo. (II Macabeos 15, 17)

  • La angustia de los que se habían quedado en la ciudad no era pequeña, preocupados por la batalla que se iba a dar en el campo. (II Macabeos 15, 19)

  • Ésta fue la historia de Nicanor. Como desde aquellos días la ciudad ha estado en poder de los hebreos, también yo pondré fin a mi obra. (II Macabeos 15, 38)

  • Desde lo alto de los muros llama, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos: (Proverbios 1, 21)

  • junto a las puertas, a la entrada de la ciudad, en las vías de acceso da voces: (Proverbios 8, 3)

  • Envió sus criados y proclamó sobre los puntos más altos de la ciudad: (Proverbios 9, 3)

  • Se sienta a la puerta de su casa, en una silla, en lo más alto de la ciudad (Proverbios 9, 14)


"O Anjo de Deus não nos abandona jamais." São Padre Pio de Pietrelcina