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Por lo cual, esto dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni lanzará en ella una flecha, no le opondrá escudo, ni construirá contra ella terraplenes. (II Reyes 19, 32)
Por el camino que ha venido regresará, y en esta ciudad no entrará. Oráculo del Señor. (II Reyes 19, 33)
Yo protegeré a esta ciudad para salvarla en atención a mí mismo y a David, mi siervo". (II Reyes 19, 34)
Añadiré a tus días quince años, te libraré a ti y a esta ciudad de las manos del rey de Asiria y protegeré a esta ciudad en atención a mí mismo y a mi siervo David". (II Reyes 20, 6)
El resto de la historia de Ezequías, sus hazañas y cómo construyó la alberca y el acueducto para conducir las aguas a la ciudad, está escrito en el libro de los anales de los reyes de Judá. (II Reyes 20, 20)
Mandó venir a todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, profanó las colinas donde los sacerdotes habían quemado incienso desde Guibeá hasta Berseba y destruyó la colina de los sátiros que había a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, la cual se encuentra a la derecha del que entra por la puerta de la ciudad. (II Reyes 23, 8)
Luego, volvió su mirada hacia el sepulcro del hombre de Dios que había predicho estas cosas, y dijo: "¿Qué monumento es aquel que diviso?". Los de la ciudad respondieron: "Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá y predijo las cosas que tú has hecho sobre el altar de Betel". (II Reyes 23, 17)
Y el Señor dijo: "Apartaré también de mi presencia a Judá, como aparté a Israel; y rechazaré a esta ciudad, Jerusalén, que había elegido, y el templo, del que había dicho: Allí estará mi nombre". (II Reyes 23, 27)
Nabucodonosor mismo, rey de Babilonia, llegó mientras sus tropas sitiaban la ciudad. (II Reyes 24, 11)
La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del rey Sedecías. (II Reyes 25, 2)
Al cuarto mes, el día noveno del mes, la carestía era tan recia en la ciudad que no había pan para el pueblo. (II Reyes 25, 3)
Entonces se practicó una brecha en la ciudad, y todos los hombres de armas huyeron de noche por la puerta entre los dos muros que daban al jardín real, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y escaparon hacia la Arabá. (II Reyes 25, 4)