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Rafael dijo a Tobías: "Hermano Tobías". Le respondió: "¿Qué quieres?". Le dijo: "Esta noche la pasaremos en casa de Ragüel. Es tu pariente. Tiene una hija llamada Sara. (Tobías 6, 11)
Tú tienes derecho a casarte con ella. Escúchame, hermano. Esta noche hablaré yo a su padre para que te la dé por esposa; y luego, cuando volvamos de Ragués, celebraremos el matrimonio. Sé bien que Ragüel no podrá negártela a ti para casarla con otro, pues se haría reo de muerte según la ley de Moisés, porque tú tienes derecho preferente sobre los demás a casarte con su hija. Escúchame, hermano. Hablaremos de la joven esta noche y la pediremos en matrimonio para ti y, al volver de Ragués, celebraremos la boda y la llevaremos con nosotros a tu casa". (Tobías 6, 13)
Cuando Tobías oyó lo que dijo Rafael y que Sara era de su raza y de la casa de su padre, se enamoró de ella. (Tobías 6, 19)
Al llegar a Ecbatana, Tobías dijo: "Hermano Azarías, llévame en seguida a casa de nuestro pariente Ragüel". Lo llevó a la casa de Ragüel, el cual estaba en el patio. Al saludarlo, les respondió: "Bienvenidos seáis, hermanos". Y los hizo entrar en casa. (Tobías 7, 1)
Ragüel llamó a su hija Sara, la cogió de la mano y se la dio a Tobías, diciéndole: "Hazte cargo de ella, conforme a la ley y lo que está mandado en el libro de Moisés, y llévala a casa de tu padre. Que el Dios del cielo os guíe en paz". (Tobías 7, 13)
Al terminar la fosa, Ragüel volvió a casa (Tobías 8, 11)
Luego llamó a Tobías y le dijo: "Tienes que quedarte aquí dos semanas comiendo y bebiendo en mi casa y alegrando a mi hija, que tanto ha sufrido. (Tobías 8, 20)
Luego tomarás la mitad de mis bienes y te irás feliz a casa de tus padres; heredarás la otra mitad cuando hayamos muerto mi mujer y yo. Ánimo, hijo, que soy ya para siempre tu padre y Edna tu madre, como lo somos de tu mujer Sara. Ánimo, hijo". (Tobías 8, 21)
Rafael partió con cuatro criados y dos camellos para Ragués de Media y se hospedaron en casa de Gabael. Le entregaron el recibo y le comunicó que Tobías, hijo de Tobit, se había casado y le invitaba a la boda. Gabael trajo las talegas con los sellos, y las cargaron. (Tobías 9, 5)
A buena hora se pusieron en camino y llegaron a la boda. Al entrar en casa de Ragüel, encontraron a Tobías sentado a la mesa. Se levantó y saludó a Gabael, que se echó a llorar y lo bendijo así: "¡Hombre bueno y honrado, hijo de un hombre honrado, justo y limosnero! Que el Señor te bendiga con bendiciones celestiales a ti, a tu mujer, a su padre y a su madre. Bendito sea Dios, que he visto a Tobías tan parecido a mi primo Tobit". (Tobías 9, 6)
Ella le respondía: "¡Que no me preocupe, cuando ha muerto mi hijo!...". Todos los días salía a las afueras y oteaba el camino por donde había marchado su hijo. De nadie se fiaba. Al caer la tarde, volvía a casa, y durante la noche suspiraba y lloraba, sin poder dormir. (Tobías 10, 7)
Cuando transcurrieron los catorce días de boda que Ragüel había prometido celebrar en honor de su hija, Tobías dijo a Ragüel: "Déjame ya marchar. Sé que mis padres están pensando que no me verán más. Te ruego que me permitas marchar a casa de mi padre. Ya te he dicho cómo lo dejé". (Tobías 10, 8)