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Sábelo, pues, y entiéndelo bien: Desde que se dio la orden de restaurar Jerusalén hasta que surja un príncipe ungido, habrá siete semanas. Durante sesenta y dos semanas, plaza y muros serán restaurados en medio de la angustia de los tiempos. (Daniel 9, 25)
Después de las sesenta y dos semanas, matarán a un ungido inocente. La ciudad y el santuario serán destruidos por un príncipe que ha de venir. Su fin será en un cataclismo, y hasta el final habrá guerra y devastaciones decretadas. (Daniel 9, 26)
Hará un pacto firme con mucha gente durante una semana, y a la mitad de la semana pondrá fin a los sacrificios y a las ofrendas. Y en el templo se cometerá un sacrilegio horrible, hasta que la ruina decretada caiga sobre el devastador". (Daniel 9, 27)
En aquellos días, yo, Daniel, me puse de luto durante tres semanas. (Daniel 10, 2)
No comí manjar sabroso, ni carne ni vino entraron en mi boca, ni me ungí con perfume en el curso de estas tres semanas. (Daniel 10, 3)
Mandará parte de sus fuerzas a profanar el santuario y la fortaleza; pondrán fin al sacrificio perpetuo, y en su lugar establecerán el sacrificio horrible. (Daniel 11, 31)
Se casó con una mujer, llamada Susana, hija de Jelcías, muy bella y temerosa de Dios. (Daniel 13, 2)
Cuando al mediodía toda la gente se marchaba, Susana solía salir a pasearse por el huerto de su marido. (Daniel 13, 7)
y se afanaban por verla todos los días. (Daniel 13, 12)
Una vez, mientras ellos seguían acechando la ocasión oportuna, salió ella, como de ordinario, con dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín porque hacía mucho calor. (Daniel 13, 15)
Dijo a las doncellas: "Traedme aceite y jabón, y cerrad después las puertas del jardín, pues voy a bañarme". (Daniel 13, 17)
Ellas hicieron lo que Susana había ordenado; cerraron las puertas del jardín y entraron en casa por una puerta lateral para traer lo que les había mandado. No sabían que los dos ancianos estaban allí escondidos. (Daniel 13, 18)