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de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. (Marcos 3, 8)
Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. (Marcos 3, 9)
Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. (Marcos 3, 25)
Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. (Marcos 4, 1)
«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. (Marcos 4, 3)
Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. (Marcos 4, 4)
Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.» (Marcos 4, 8)
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. (Marcos 4, 10)
pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida. (Marcos 4, 17)
pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» (Marcos 4, 32)
En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. (Marcos 4, 37)
El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. (Marcos 4, 39)