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Los siervos de Holofernes la condujeron a la tienda, y ella durmió hasta media noche. Al acercarse la vigilia de la aurora, se levantó, (Judit 12, 5)
Y, ya purificada, entraba en la tienda y allí permanecía hasta que le traían su comida de la tarde. (Judit 12, 9)
Salió Bagoas de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y dijo: «Que esta bella esclava no se niegue a venir donde mi señor, para ser honrada en su presencia, para beber vino alegremente con nosotros y ser, en esta ocasión, como una de las hijas de los asirios que viven en el palacio de Nabucodonosor.» (Judit 12, 13)
Cuando se hizo tarde, sus oficiales se apresusaron a retirarse y Bagoas cerró la tienda por el exterior, después de haber apartado de la presencia de su señor a los que todavía quedaban; y todos se fueron a dormir, fatigados por el exceso de bebida; (Judit 13, 1)
quedaron en la tienda tan sólo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino. (Judit 13, 2)
Los asirios tomarán sus armas y marcharán a su campamento para despertar a los jefes del ejército de Asiria. Correrán a la tienda de Holofernes, pero al no dar con él, quedarán aterrorizados y huirán ante vosotros. (Judit 14, 3)
hasta llegar a la tienda de Holofernes. Dijeron, pues, a su intendente general: «Despierta a nuestro señor, porque esos esclavos tienen la osadía de bajar a combatir contra nosotros, para hacerse exterminar completamente.» (Judit 14, 13)
Entró, pues, Bagoas y dio palmadas ante la cortina de la tienda, porque suponía que Holofernes estaría durmiendo con Judit. (Judit 14, 14)
Entró luego en la tienda en que se había aposentado Judit, y al no verla, se precipitó hacia la tropa gritando: (Judit 14, 17)
Todo el pueblo estuvo recogiendo botín del campamento durante treinta días; dieron a Judit la tienda de Holofernes, con toda su vajilla de plata, sus divanes, sus vasijas y todo su mobiliario. Ella lo tomó y lo cargó sobre su mula, preparó sus carros y los amontonó todo encima. (Judit 15, 11)
se les arranca la cuerda de su tienda, y mueren privados de sabiduría.» (Job 4, 21)
Sabrás que tu tienda está a cubierto, nada echarás en falta cuando revises tu morada. (Job 5, 24)