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También nosotros hemos recibido una buena nueva, lo mismo que ellos. Pero la palabra que oyeron no aprovechó nada a aquellos que no estaban unidos por la fe a los que escucharon. (Hebreos 4, 2)
De hecho, hemos entrado en el descanso los que hemos creído, según está dicho: Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso! Y eso que las obras de Dios estaban terminadas desde la creación del mundo, (Hebreos 4, 3)
Y también en el pasaje citado: ¡No entrarán en mi descanso! (Hebreos 4, 5)
Por tanto, quedando en claro que algunos han de entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia, (Hebreos 4, 6)
vuelve a señalar un día, hoy, diciendo por David al cabo de tanto tiempo, como queda dicho: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones... (Hebreos 4, 7)
Porque si Josué les hubiera proporcionado el descanso, no habría hablado Dios más tarde, de otro día. (Hebreos 4, 8)
Esforcémonos, pues, por entrar en ese descanso, para que nadie caiga imitando aquella desobediencia. (Hebreos 4, 11)
No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta. (Hebreos 4, 13)
Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. (Hebreos 4, 15)
Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna. (Hebreos 4, 16)
y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. (Hebreos 5, 2)
Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. (Hebreos 5, 4)