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a fin de que viváis dignamente ante los de fuera, y no necesitéis de nadie. (I Tesalonicenses 4, 12)
Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza. (I Tesalonicenses 4, 13)
Os decimos eso como Palabra des Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron. (I Tesalonicenses 4, 15)
El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. (I Tesalonicenses 4, 16)
Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. (I Tesalonicenses 4, 17)
En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. (I Tesalonicenses 5, 1)
Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. (I Tesalonicenses 5, 2)
Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. (I Tesalonicenses 5, 3)
Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, (I Tesalonicenses 5, 4)
pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. (I Tesalonicenses 5, 5)
Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. (I Tesalonicenses 5, 6)
Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. (I Tesalonicenses 5, 7)