Mosaico decorativo

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  • Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, (II Macabeos 12, 41)

  • Al saberlo Judas mandó a la tropa que invocara al Señor día y noche, para que también en esta ocasión, como en otras, viniera en ayuda de los que estaban a punto de ser privados de la Ley, de la patria y del Templo santo, (II Macabeos 13, 10)

  • Una vez que todos juntos cumplieron la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones y ayunos y postraciones durante tres días seguidos, Judas les animó y les mandó que estuvieran preparados. (II Macabeos 13, 12)

  • cuando el día despuntaba. Todo ello sucedió, gracias a la protección que el Señor había brindado a Judas. (II Macabeos 13, 17)

  • «Tú, Señor, que nada necesitas, te has complacido en que el santuario de tu morada se halle entre nosotros. (II Macabeos 14, 35)

  • También ahora, Señor santo de toda santidad, preserva siempre limpia de profanación esta Casa recién purificada.» (II Macabeos 14, 36)

  • Ellos le replicaron: «Es el mismo Señor que vive como Soberano en el cielo el que mandó observar el día séptimo.» (II Macabeos 15, 4)

  • Macabeo, por su parte, mantenía incesantemente su confianza, con la entera esperanza de recibir ayuda de parte del Señor, (II Macabeos 15, 7)

  • Entonces Macabeo, al observar la presencia de las tropas, la variedad de las armas preparadas y el fiero aspecto de los elefantes, extendió las manos al cielo e invocó al Señor que hace prodigios, pues bien sabía que, no por medio de las armas, sino según su decisión, concede él la victoria a los que la merecen. (II Macabeos 15, 21)

  • ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto. (II Macabeos 15, 23)

  • Entre clamores y tumulto, bendecían al Señor en su lengua patria. (II Macabeos 15, 29)

  • Les mostró la cabeza del abominable Nicanor y la mano que aquel infame había tendido insolentemente hacia la santa Casa del Todopoderoso; (II Macabeos 15, 32)


"Recorramos a Jesus e não às pessoas, pois só Ele nunca nos faltará." São Padre Pio de Pietrelcina