Mosaico decorativo

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  • «Si tienes algún enemigo conspirador contra el Estado, mándalo allá y te volverá molido a azotes, si es que salva su vida, porque te aseguro que rodea a aquel Lugar una fuerza divina. (II Macabeos 3, 38)

  • En cuanto a mí, me encuentro postrado sin fuerza en mi lecho, con un amistoso recuerdo de vosotros. A mi vuelta de las regiones de Persia, contraje una molesta enfermedad y he considerado necesario preocuparme de vuestra seguridad común. (II Macabeos 9, 21)

  • Después de haber derrotado (y destruido) a estos enemigos, dirigió una expedición contra la ciudad fuerte de Efrón, donde habitaba Lisanias, con una multitud de toda estirpe. Jóvenes vigorosos, apostados ante las murallas, combatían con valor; en el interior había muchas reservas de máquinas de guerra y proyectiles. (II Macabeos 12, 27)

  • Un tal Dositeo, jinete valiente, del cuerpo de los tubios, se apoderó de Gorgias, y agarrándole por la clámide, le arrastraba por la fuerza con el deseo de capturar vivo a aquel maldito; pero un jinete tracio se echó sobre Dositeo, le cortó el hombro, y Gorgias huyó hacia Marisá. (II Macabeos 12, 35)

  • Los judíos, que le acompañaban a la fuerza, le dijeron: «No mates así de modo tan salvaje y bárbaro; respeta y honra más bien el día que con preferencia ha sido santificado por Aquél que todo lo ve.» (II Macabeos 15, 2)

  • Míos son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza. (Proverbios 8, 14)

  • Donde no hay bueyes, pesebre vacío; cosecha abundante con la fuerza del toro. (Proverbios 14, 4)

  • Porque, según lo que calcula en su interior, te dice: «¡Come y bebe!», pero su corazón no está contigo. (Proverbios 23, 7)

  • Si te dejas abatir el día de la angustia, angosta es tu fuerza. (Proverbios 24, 10)

  • El que odia, disimula con sus labios, pero en su interior comete perfidia; (Proverbios 26, 24)

  • las hormigas - multitud sin fuerza - que preparan en verano su alimento; (Proverbios 30, 25)

  • Jet. Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos. (Proverbios 31, 17)


"As almas! As almas! Se alguém soubesse o preço que custam". São Padre Pio de Pietrelcina