Mosaico decorativo

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  • «Señor, Dios del cielo, mira su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza y mira con piedad el rostro de los que te están consagrados». (Judit 6, 19)

  • Os conjuramos por el cielo y por la tierra, y por nuestro Dios, Señor de nuestros padres, que nos ha castigado por nuestros pecados, y por los pecados de nuestros padres, que cumpláis ahora mismo nuestros deseos.» (Judit 7, 28)

  • ¡Viva Nabucodonosor, rey de toda la tierra y viva su poder que te ha enviado para poner en el recto camino a todo viviente!; porque gracias a ti no le sirven tan sólo los hombres, sino que, por medio de tu fuerza, hasta las fieras salvajes, los ganados y las aves del cielo viven para Nabucodonosor y para toda su casa. (Judit 11, 7)

  • Porque tu esclava es piadosa y sirve noche y día al Dios del Cielo. Ahora, mi señor, quisiera quedarme a tu lado. Tu sierva saldría por las noches hacia el barranco, para suplicar a mi Dios y El me dirá cuándo han cometido su pecado. (Judit 11, 17)

  • Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. (Judit 13, 18)

  • Tú hiciste el cielo y la tierra y cuantas maravillas existen bajo el cielo. (Ester 13, 10)

  • haciendo los cambios oportunos y juzgando las cosas que se nos expongan con espíritu abierto y benevolente. (Ester 16, 9)

  • Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» (Job 1, 16)

  • Pero interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen. (Job 12, 7)

  • En masa sus huestes han llegado, su marcha de asalto han abierto contra mí, han puesto cerco a mi tienda. (Job 19, 12)

  • Se tambalean las columnas del cielo, presas de terror a su amenaza. (Job 26, 11)

  • Ocúltase a los ojos de todo ser viviente, se hurta a los pájaros del cielo. (Job 28, 21)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina