Trouvé 92 Résultats pour: Autel Baal
Le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal Berit, con los que Abimélek contrató a hombres miserables, y vagabundos, que se fueron con él. (Jueces 9, 4)
Entonces todos los hombres de Israel se levantaron de sus puestos, tomaron posiciones en Baal Tamar, y los emboscados de Israel atacaron desde su puesto al oeste de Gueba. (Jueces 20, 33)
Llegó David a Baal Perasim. Allà los derrotó David y dijo: «Yahveh me ha abierto brecha entre mis enemigos como brecha de aguas.» Por eso se llamó aquel lugar Baal Perasim. (II Samuel 5, 20)
Dos años después, estaban los esquiladores con Absalón esquilando en Baal Jasor, junto a EfraÃm, y Absalón invitó a todos los hijos del rey. (II Samuel 13, 23)
Lo de menos fue haber seguido los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, sino que, además, tomó por mujer a Jezabel, hija de Ittobaal, rey de los sidonios, y se fue a servir a Baal postrándose ante él. (I Reyes 16, 31)
Alzó un altar a Baal en el santuario de Baal que edificó en SamarÃa. (I Reyes 16, 32)
Pero ahora, envÃa a reunir junto a mà a todo Israel en el monte Carmelo, y a los 450 profetas de Baal que comen a la mesa de Jezabel.» (I Reyes 18, 19)
ElÃas se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidle; si Baal, seguid a éste.» Pero el pueblo no le respondió nada. (I Reyes 18, 21)
Dijo ElÃas al pueblo: «He quedado yo solo como profeta de Yahveh, mientras que los profetas de Baal son 450. (I Reyes 18, 22)
ElÃas dijo a los profetas de Baal: «ElegÃos un novillo y comenzad vosotros primero, pues sois más numerosos. Invocad el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego.» (I Reyes 18, 25)
Tomaron el novillo que les dieron, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodÃa, diciendo: «¡Baal, respóndenos!» Pero no hubo voz ni respuesta. Danzaban cojeando junto al altar que habÃan hecho. (I Reyes 18, 26)
ElÃas les dijo: «Echad mano a los profetas de Baal, que no escape ninguno de ellos»; les echaron mano y ElÃas les hizo bajar al torrente de Quisón, y los degolló allÃ. (I Reyes 18, 40)