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También se unió a ellos Menelao, el cual, con toda mala intención, trataba de ganarse a Antíoco, no para salvar a su patria, sino para ser restablecido en su cargo. (II Macabeos 13, 3)
Con este suplicio murió el impío Menelao, sin ser ni siquiera sepultado en la tierra. (II Macabeos 13, 7)
Después de reunirse en particular con los Ancianos, resolvió no esperar que el ejército del rey invadiera Judea y se adueñara de la ciudad, sino ponerse en marcha para decidir la situación con la ayuda de Dios. (II Macabeos 13, 13)
en primer lugar, sinceramente preocupado por los intereses del rey y, en segundo lugar, por consideración hacia mis compatriotas. A causa de la conducta irreflexiva de los hombres ya mencionados, toda nuestra nación padece no pocos infortunios. (II Macabeos 14, 8)
Judas distribuyó algunos hombres armados en puntos estratégicos, por si se producía inesperadamente algún ataque a traición por parte de los enemigos. Sin embargo, la entrevista se realizó normalmente. (II Macabeos 14, 22)
Nicanor vivía en Jerusalén sin molestar a nadie: incluso, licenció a las tropas que se le habían incorporado en masa. (II Macabeos 14, 23)
Se veía constantemente con Judas y sentía por él un sincero aprecio; (II Macabeos 14, 24)
Cuando Nicanor recibió la noticia, quedó desconcertado, porque le indignaba romper el acuerdo sin que aquel hombre hubiera cometido ninguna injusticia. (II Macabeos 14, 28)
Cuando Nicanor supo que los hombres de Judas se hallaban en las regiones de Samaría, resolvió atacarlos sin ningún riesgo el día de descanso. (II Macabeos 15, 1)
Él replicó: "También yo soy soberano en la tierra y ordeno empuñar las armas para servir al rey". Sin embargo, no llegó a realizar su funesto designio. (II Macabeos 15, 5)
Entonces Onías tomó la palabra y dijo: "Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y por la Ciudad santa". (II Macabeos 15, 14)
Reconfortados con estas bellísimas palabras de Judas, capaces de llevar al heroísmo y de robustecer los corazones juveniles, todos decidieron no quedarse a la defensiva, sino lanzarse valerosamente a la ofensiva, y decidir la situación luchando con la mayor valentía, porque estaban en peligro la Ciudad, las instituciones sagradas y el Santuario. (II Macabeos 15, 17)