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una pasión encendida como el fuego ardiente no se extinguirá hasta quedar consumida; un hombre lleno de lujuria en su cuerpo carnal no cesará hasta que el fuego lo abrase; para el lujurioso toda comida es dulce, y no se calmará hasta que haya muerto. (Eclesiástico 23, 17)
Así también, la mujer que abandona a su marido y le da un heredero nacido de un extraño. (Eclesiástico 23, 22)
Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido; tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño. (Eclesiástico 23, 23)
El fuego arde según el combustible, y la disputa se enciende en la medida del empecinamiento; según sea su fuerza, será la furia de un hombre, y según su riqueza, dará libre curso a su ira. (Eclesiástico 28, 10)
Una discordia repentina enciende un fuego, y una disputa precipitada hace correr la sangre. (Eclesiástico 28, 11)
Conténtate con lo que tienes, sea poco o mucho, y no oirás que te reprochan por ser un extraño. (Eclesiástico 29, 23)
Triste vida es andar de casa en casa: donde eres un extraño, no puedes abrir la boca. (Eclesiástico 29, 24)
Que el fugitivo sea devorado por el ardor del fuego, y que encuentren su perdición los que maltratan a tu pueblo. (Eclesiástico 36, 8)
Lo mismo pasa con el herrero, sentado junto al yunque, con la atención fija en el hierro que forja: el vaho del fuego derrite su carne y él se debate con el calor de la fragua; el ruido del martillo ensordece sus oídos y sus ojos están fijos en el modelo del objeto; pone todo su empeño en acabar sus obras y se desvela por dejarlas bien terminadas. (Eclesiástico 38, 28)
Lo más indispensable para la vida del hombre es el agua y el fuego, el hierro y la sal, la harina de trigo, la leche y la miel, la sangre de la vid, el aceite y la ropa: (Eclesiástico 39, 26)
Fuego, granizo, hambre y peste: todo esto fue creado para el castigo. (Eclesiástico 39, 29)
En boca del desvergonzado la mendicidad es dulce, pero en sus entrañas será fuego ardiente. (Eclesiástico 40, 30)