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  • Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. (II Corintios 1, 6)

  • Este es para nosotros un motivo de orgullo: el testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en relación con ustedes, nos hemos comportado con la santidad y la sinceridad que proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino por la gracia de Dios. (II Corintios 1, 12)

  • Convencido de esto, me propuse visitarlos primero a ustedes, para darles una nueva alegría, (II Corintios 1, 15)

  • En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya. (II Corintios 1, 20)

  • Estoy decidido a no hacerles otra visita que sea para ustedes motivo de tristeza. (II Corintios 2, 1)

  • Y si les he escrito lo que ustedes ya saben, fue para no apenarme al llegar, a causa de aquellos que debían alegrarme, porque estoy convencido de que mi alegría es también la de ustedes. (II Corintios 2, 3)

  • Verdaderamente les escribí con gran aflicción y angustia, y con muchas lágrimas, no para entristecerlos, sino para demostrarles el profundo afecto que les tengo. (II Corintios 2, 4)

  • Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no quede agobiado por una pena excesiva. (II Corintios 2, 7)

  • Antes les escribí para ponerlos a prueba y ver si son capaces de obedecer en todo. (II Corintios 2, 9)

  • para que Satanás no saque ventaja de nosotros, ya que conocemos bien sus intenciones. (II Corintios 2, 11)

  • Cuando llegué a Tróade para anunciar la Buena Noticia de Jesús, aunque el Señor abrió una puerta para mi predicación, (II Corintios 2, 12)

  • estaba muy preocupado porque no encontré a mi hermano Tito; por eso, me despedí de ellos y partí para Macedonia. (II Corintios 2, 13)


"O mal não se vence com o mal, mas com o bem, que tem em si uma força sobrenatural." São Padre Pio de Pietrelcina