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Aunque el ejército de Arám había venido con pocos hombres, el Señor entregó en sus manos a un ejército mucho más numeroso, por haberlo abandonado a él, el Dios de sus padres. De esta manera, los arameos hicieron justicia con Joás, (II Crónicas 24, 24)
Todo lo que se refiere a sus hijos, a los numerosos oráculos pronunciados contra él y a la restauración de la Casa de Dios, está escrito en el Comentario al libro de los Reyes. Su hijo Amasías reinó en lugar de él. (II Crónicas 24, 27)
Pero un hombre de Dios se presentó ante él y le dijo: "Que no vaya contigo, rey, un ejército de Israel, porque el Señor no está con Israel, con esos efraimitas. (II Crónicas 25, 7)
Si ellos te acompañan, por más que luches valerosamente, Dios te hará caer ante el enemigo. Porque es Dios el que tiene poder para socorrer y derribar". (II Crónicas 25, 8)
Pero Amasías dijo al hombre de Dios: "¿Y qué pasa con los cien talentos de plata que entregué a la tropa de Israel?". El hombre de Dios respondió: "El Señor puede darte mucho más". (II Crónicas 25, 9)
Mientras el profeta le estaba hablando, Amasías le replicó: "¿Quién te ha nombrado consejero del rey? ¡No insistas! ¿O quieres que te maten?". El profeta desistió, no sin antes decir: "Yo sé que Dios ha decidido destruirte, por haber hecho esto y no haber escuchado mi consejo". (II Crónicas 25, 16)
Amasías no hizo caso, porque Dios así lo había dispuesto, para entregarlo en manos de Joás por haber venerado a los dioses de Edóm. (II Crónicas 25, 20)
Se apoderó de todo el oro y la plata y de todos los objetos que se hallaban en la Casa de Dios, al cuidado de Obededóm; se llevó los tesoros de la casa del rey y algunos rehenes, y se volvió a Samaría. (II Crónicas 25, 24)
Buscó a Dios durante la vida de Zacarías, que lo había instruido en el temor de Dios, y mientras buscó al Señor, Dios lo hizo prosperar. (II Crónicas 26, 5)
Dios lo ayudó contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Baal y contra los meonitas. (II Crónicas 26, 7)
Además, mandó construir en Jerusalén máquinas de guerra ideadas por expertos, para ser colocadas sobre las torres y los ángulos, a fin de arrojar flechas y grandes piedras. Su fama se extendió hasta muy lejos, porque con la ayuda extraordinaria de Dios llegó a hacerse fuerte. (II Crónicas 26, 15)
Pero cuando se hizo fuerte, su corazón se ensoberbeció hasta pervertirse, y se rebeló contra el Señor, su Dios, entrando en el Templo del Señor para ofrecer incienso sobre el altar de los perfumes. (II Crónicas 26, 16)