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El perezoso se parece a un montón de estiércol: el que los levanta se sacude las manos. (Eclesiástico 22, 2)
La hija insolente avergüenza al padre y al marido, y es despreciada por los dos. (Eclesiástico 22, 5)
Razonar con un necio es razonar con un somnoliento: al final dirá: "¿De qué se trata?". (Eclesiástico 22, 10)
No hables demasiado con un insensato ni vayas con el que no tiene inteligencia; cuídate de él, para no tener molestias y no salpicarte cuando él se sacuda; apártate de él: estarás tranquilo y su estupidez no te fastidiará. (Eclesiástico 22, 13)
Si has sacado la espada contra un amigo, no desesperes: es posible volver atrás; (Eclesiástico 22, 21)
si has abierto la boca contra un amigo, no te inquietes: es posible la reconciliación. Pero ante la afrenta, el orgullo, la revelación de un secreto y el golpe traicionero, ante esas cosas, huirá cualquier amigo. (Eclesiástico 22, 22)
Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado. (Eclesiástico 23, 10)
Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes, no sea que los olvides en presencia de ellos y te comportes como un necio. Porque entonces preferirías no haber nacido y maldecirías el día de tu nacimiento. (Eclesiástico 23, 14)
Lo que él teme son los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más luminosos que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos. (Eclesiástico 23, 19)
Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube. (Eclesiástico 24, 4)
Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos. (Eclesiástico 24, 5)
Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio. (Eclesiástico 24, 6)