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En cambio, Abías se fortaleció; tomó catorce mujeres y fue padre de veintidós hijos y dieciséis hijas. (2 Crónicas 13, 21)
Llevó a la Casa de Yavé las ofrendas consagradas por su padre y sus propias ofrendas: plata, oro y utensilios. (2 Crónicas 15, 18)
«Hagamos una alianza como la hubo entre mi padre y tu padre; te envío plata y oro; ven, rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se aleje de mí.» (2 Crónicas 16, 3)
Puso guarniciones en todas las ciudades amuralladas de Judá, gobernadores en todo el país de Judá y en las ciudades de Efraím que Asá, su padre, había conquistado. (2 Crónicas 17, 2)
Yavé estuvo con Josafat porque anduvo por los caminos que había seguido su padre David y no buscó a los Baales, (2 Crónicas 17, 3)
Siguió en todo el camino de su padre Asá, sin desviarse de él, haciendo lo que era correcto a los ojos de Yavé. (2 Crónicas 20, 32)
Su padre les había dado grandes cantidades de plata, oro y objetos preciosos y ciudades amuralladas en Judá; pero entregó el reino a Joram, porque era el primogénito. (2 Crónicas 21, 3)
Joram tomó posesión del trono de su padre; y cuando se sintió fuerte, pasó a cuchillo a todos sus hermanos y también a algunos de los jefes de Israel. (2 Crónicas 21, 4)
Le llegó un escrito de parte del profeta Elías que decía: «Así dice Yavé, el Dios de tu padre David: No has seguido los caminos de tu padre Josafat, ni los caminos de Asá, rey de Judá, (2 Crónicas 21, 12)
sino que has andado por los caminos de los reyes de Israel, y has prostituido a Judá y a los habitantes de Jerusalén siguiendo las prostituciones de la familia de Ajab; también has dado muerte a tus hermanos de la familia de tu padre que eran mejores que tú. (2 Crónicas 21, 13)
y al cabo de un tiempo, al fin del segundo año, se le salieron las entrañas y murió en medio de terribles dolores. El pueblo no quemó perfumes por él, como lo había hecho por su padre. (2 Crónicas 21, 19)
Se portó mal con Yavé, como los de la familia de Ajab, porque después de la muerte de su padre, fueron ellos sus consejeros para su perdición. (2 Crónicas 22, 4)