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Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. (Evangelio según San Mateo 11, 27)
Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre.» (Evangelio según San Mateo 12, 50)
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda. (Evangelio según San Mateo 13, 43)
Entonces Jesús dijo: «Está bien: cuando un maestro en religión ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas.» (Evangelio según San Mateo 13, 52)
Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte. (Evangelio según San Mateo 15, 4)
En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo. (Evangelio según San Mateo 15, 5)
En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones. (Evangelio según San Mateo 15, 6)
Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. (Evangelio según San Mateo 15, 13)
Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. (Evangelio según San Mateo 16, 17)
Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta. (Evangelio según San Mateo 16, 27)
Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. (Evangelio según San Mateo 18, 8)
Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo. (Evangelio según San Mateo 18, 10)