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Dirás a la gente de Israel, a esa banda de revoltosos: Esto dice Yavé: Estoy harto, pueblo de Israel, de todos los horrores (Ezequiel 44, 6)
Los pescadores se instalarán en sus orillas desde En-Guedi hasta En-Elayim: allí echarán sus redes. Los pescados serán muy numerosos, de las mismas especies que hay en el Gran Mar. (Ezequiel 47, 10)
En el tercer año del reinado de Joaquín, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra Jerusalén y la sitió. (Daniel 1, 1)
Después podrás observar si los jóvenes que comen de la mesa del rey tienen mejor aspecto que nosotros. Entonces harás lo que te parezca.» (Daniel 1, 13)
A estos cuatro jóvenes, Dios les concedió sabiduría e inteligencia, tanto para las letras como para la filosofía. Lo que es Daniel, sabía explicar sueños y visiones. (Daniel 1, 17)
Cumplido el plazo fijado por el rey para que le presentaran los jóvenes, el mayordomo los llevó ante Nabucodonosor. (Daniel 1, 18)
El año doce de su reinado, Nabucodonosor tuvo un sueño que lo inquietó hasta el punto de no dejarlo dormir. (Daniel 2, 1)
Los adivinos respondieron: «Viva el rey eternamente. Cuéntanos tu sueño y nosotros te lo explicaremos.» (Daniel 2, 4)
Los caldeos respondieron como la primera vez: «Cuente el rey el sueño a sus servidores, y nosotros le daremos la interpretación.» (Daniel 2, 7)
Los adivinos contestaron: «No hay nadie en el mundo capaz de hacer lo que el rey pide, y por eso ningún rey, por grande y poderoso que sea, hace tal pregunta a ningún mago, adivino o astrólogo. (Daniel 2, 10)
y le preguntó: «¿Por qué ha dado el rey un decreto tan riguroso?» Aryok explicó el asunto a Daniel, (Daniel 2, 15)
Los invitó a implorar la misericordia de Dios acerca de este sueño misterioso para que no se les diera muerte a ellos junto con los otros sabios de Babilonia. (Daniel 2, 18)