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Los israelitas estaban muy atemorizados, pues todas las naciones vecinas, al verlos así, sin jefe y sin aliados, se proponían destruirlos y decían: «Esta es la oportunidad de borrar de entre los hombres el recuerdo de Israel.» (1 Macabeos 12, 53)
Por Israel han muerto todos mis hermanos y he quedado yo solo. Líbreme Dios de buscar mi propia seguridad cuando las cosas andan mal, pues mi vida no tiene más valor que la de mis hermanos. (1 Macabeos 13, 4)
Simón comprendió que Trifón trataba de engañarlo, pero con todo mandó que se le entregaran el dinero y los niños, por no atraer sobre sí el odio del pueblo de Israel, el cual habría dicho: (1 Macabeos 13, 17)
Todo Israel celebró un gran duelo por él y lo lloró durante muchos días. (1 Macabeos 13, 26)
El año ciento setenta Israel quedó libre del yugo de los paganos, (1 Macabeos 13, 41)
El día veintitrés del mes segundo del año ciento setenta y uno entró en ella con cánticos, palmas y acompañamiento de cítaras, címbalos y arpas, con himnos y cánticos, porque había sido eliminado lo que era una gran plaga para Israel. (1 Macabeos 13, 51)
Restableció la paz en el país e Israel saltó de gozo. (1 Macabeos 14, 11)
Pues tanto él como sus hermanos y la familia de sus padres han animado la resistencia, han combatido a los enemigos de Israel y le han devuelto la libertad. Grabaron el texto en tablas de bronce y lo colgaron en las columnas del monte Sión. (1 Macabeos 14, 26)
en la gran asamblea de los sacerdotes de Israel, de los jefes de la nación y de los ancianos del pueblo, se comunicó lo siguiente: (1 Macabeos 14, 28)
Entonces Simón llamó a sus hijos mayores, Juan y Judas, y les dijo: «Yo, mis hermanos y familia de mi padre, hemos luchado desde nuestra juventud hasta hoy contra los enemigos de Israel y, gracias a nosotros, se consiguió muchas veces liberar a Israel. (1 Macabeos 16, 2)
tú, solo generoso, solo justo, todopoderoso y eterno, que salvas a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste, (2 Macabeos 1, 25)
acepta este sacrificio por todo tu pueblo Israel. Guarda tu heredad y santifícala. (2 Macabeos 1, 26)