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Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, (Evangelio según San Marcos 11, 15)
Jesús entonces les dirigió estas parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y construyó una casa para el celador. La alquiló después a unos trabajadores y se marchó al extranjero. (Evangelio según San Marcos 12, 1)
A su debido tiempo envió a un sirviente para pedir a los viñadores la parte de los frutos que le correspondían. (Evangelio según San Marcos 12, 2)
Envió de nuevo a otro servidor, y a éste lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. (Evangelio según San Marcos 12, 4)
Pero los viñadores se dijeron entre sí: «Este es el heredero, la viña será para él; matémosle y así nos quedaremos con la propiedad.» (Evangelio según San Marcos 12, 7)
Ahora bien, ¿qué va a hacer el dueño de la viña? Vendrá, matará a esos trabajadores y entregará la viña a otros.» (Evangelio según San Marcos 12, 9)
Pero ustedes preocúpense de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos, serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos. (Evangelio según San Marcos 13, 9)
no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. (Evangelio según San Marcos 13, 36)
Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? (Evangelio según San Marcos 14, 37)
Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle. (Evangelio según San Marcos 14, 40)
Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. (Evangelio según San Marcos 14, 41)
El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.» (Evangelio según San Marcos 14, 44)