Mosaico decorativo

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  • Al regreso cantaban y alababan al Cielo: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia.» (1 Macabeos 4, 24)

  • Se postraron rostro en tierra, tocaron las trompetas y lanzaron gritos al cielo. (1 Macabeos 4, 40)

  • El pueblo entero se postró rostro en tierra y bendijo al Cielo, que les había concedido feliz éxito. (1 Macabeos 4, 55)

  • Judas comprendió que el asalto había comenzado; de la ciudad un fragor subía hacia el cielo, gritos y toques de trompetas. Entonces (1 Macabeos 5, 31)

  • Griten, pues, al Cielo para que nos libre de nuestros enemigos.» (1 Macabeos 9, 46)

  • pues para ayudarnos está el socorro del Cielo. Hemos sido librados de nuestros enemigos, que han sido humillados. (1 Macabeos 12, 15)

  • Pero ahora yo soy viejo, mientras que ustedes, gracias al Cielo, ya son hombres maduros. Ocupen mi lugar y el de mi hermano, y salgan a luchar por nuestra patria. ¡Que la ayuda del Cielo esté con ustedes!» (1 Macabeos 16, 3)

  • Se dice también en estos escritos del pasado que el profeta Jeremías, obedeciendo a órdenes del Cielo, se hizo acompañar por el Arca de la Alianza con su toldo y fue al cerro donde Moisés había subido y desde el cual había contemplado la tierra prometida. (2 Macabeos 2, 4)

  • Y así como había bajado fuego del cielo por la oración de Moisés, para consumir las ofrendas y la víctima sacrificada, lo mismo, por la oración de Salomón, bajó fuego del cielo y consumió la víctima. (2 Macabeos 2, 10)

  • Los sacerdotes estaban ante el altar con sus vestiduras sagradas y suplicaban al Cielo: el que había dado la ley sobre los bienes en depósito, debía conservarlos para quienes los habían depositado. (2 Macabeos 3, 15)

  • Todas, levantando las manos al cielo, tomaban parte en la súplica. (2 Macabeos 3, 20)

  • y tú, que has sido azotado por orden del Cielo, haz saber a todos la grandeza del poder de Dios.» Dicho esto, desaparecieron. (2 Macabeos 3, 34)


"No tumulto das paixões terrenas, surge a grande esperança da misericórdia inexorável de Deus." São Padre Pio de Pietrelcina