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Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe. (1º Carta a los Corintios 13, 1)
Si alabas a Dios sólo con el espíritu, ¿qué hará el que se conforma con escuchar? ¿Acaso podrá añadir «amén» a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho. (1º Carta a los Corintios 14, 16)
Dios dice en la Ley: Hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros, pero ni así me escucharán. (1º Carta a los Corintios 14, 21)
Si no hay más que esta existencia, ¿de qué me sirve haber luchado contra leones en Efeso, ? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos. (1º Carta a los Corintios 15, 32)
No se dejen engañar: las doctrinas malas corrompen las buenas conductas. (1º Carta a los Corintios 15, 33)
Hermanos, todavía una recomendación más. Como ustedes saben, Estefanás y los suyos son los primeros que se convirtieron en Acaya, y se han puesto al servicio de los creyentes. (1º Carta a los Corintios 16, 15)
La visita de Estefanás, Fortunato y Acaico me ha causado mucha alegría, pues les echaba mucho de menos a todos ustedes. (1º Carta a los Corintios 16, 17)
Hay algo de lo que nos sentimos orgullosos: nuestra conciencia nos asegura que la santidad y la sinceridad de Dios han inspirado siempre nuestra conducta en este mundo, especialmente respecto a ustedes. No nos han movido razones humanas, sino la gracia de Dios. (2º Carta a los Corintios 1, 12)
¿Acaso era una decisión muy apresurada? ¿O era tal vez sólo una decisión humana y en mí se daba al mismo tiempo un no y un sí? (2º Carta a los Corintios 1, 17)
Así no se aprovechará Satanás de nosotros, pues conocemos muy bien sus propósitos. (2º Carta a los Corintios 2, 11)
No nos callamos por falsa vergüenza; no andamos con rodeos ni desvirtuamos la palabra de Dios; manifestando la verdad, merecemos ante Dios que cualquier conciencia humana nos apruebe. (2º Carta a los Corintios 4, 2)
Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios y no nuestra. (2º Carta a los Corintios 4, 7)