Löydetty 482 Tulokset: Tienda Del Encuentro
David les salió al encuentro y les dijo: "Si venís con buenas intenciones, para prestarme ayuda, mi corazón estará con el vuestro; pero si es para traicionarme en provecho de mis enemigos, siendo yo inocente, que lo vea el Dios de nuestros padres y haga justicia". (I Crónicas 12, 18)
Cuando los filisteos supieron que David había sido ungido rey de todo Israel, fueron todos en su busca. David se enteró y les salió al encuentro. (I Crónicas 14, 8)
David construyó casas en la ciudad de su nombre y preparó un lugar para el arca de Dios, donde plantó una tienda. (I Crónicas 15, 1)
Metieron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación. (I Crónicas 16, 1)
A Sadoc y a sus hermanos los sacerdotes los dejó delante de la tienda del Señor en el alto de Gabaón, (I Crónicas 16, 39)
Cuando David se estableció en su palacio, dijo al profeta Natán: "Yo estoy viviendo en una casa de cedro, mientras que el arca de la alianza del Señor está bajo una tienda". (I Crónicas 17, 1)
Yo no he habitado en casa desde el día en que liberé a Israel hasta hoy, sino que he estado peregrinando en una tienda de campaña. (I Crónicas 17, 5)
Cuando David se enteró, mandó que les salieran al encuentro, porque aquellos hombres estaban llenos de vergüenza, y les dijeran de parte del rey: "Quedaos en Jericó hasta que os crezca la barba, y luego vendréis". (I Crónicas 19, 5)
David se acercaba, y Ornán, al ver al rey, le salió al encuentro y se postró ante él rostro en tierra. (I Crónicas 21, 21)
pues la tienda del Señor que Moisés había hecho en el desierto y el altar de los holocaustos estaban, por entonces, en el alto de Gabaón, (I Crónicas 21, 29)
En una palabra, su obligación era el servicio de la tienda de la reunión, del santuario, de los hijos de Aarón, sus hermanos, y del servicio del templo del Señor. (I Crónicas 23, 32)
Y con toda la asamblea fue al alto de Gabaón, donde estaba la tienda de la reunión de Dios, que Moisés, siervo del Señor, había hecho en el desierto. (II Crónicas 1, 3)