Löydetty 4527 Tulokset: Poder De Dios
Pero el Señor, Dios de Israel, que lo ve todo, lo hirió con una llaga incurable e invisible. Pues no había terminado de hablar cuando sintió dentro de sí un insoportable dolor de entrañas, acompañado de agudos dolores en los intestinos. (II Macabeos 9, 5)
Aquel mismo que con arrogancia sobrehumana creía poder imperar a las olas del mar y soñaba poder pesar en su balanza las cimas de los montes, tenía que ser llevado en una litera, dando a todos testimonio evidente de la omnipotencia de Dios. (II Macabeos 9, 8)
Solamente entonces, torturado por aquellas llagas, comenzó a menguar en su extraordinaria soberbia y a darse cuenta de que aquel estado era un castigo de Dios, viendo que sus dolores aumentaban por momentos. (II Macabeos 9, 11)
No pudiendo soportar su propio hedor, dijo: "Justo es someterse a Dios; el mortal no debe igualarse a él". (II Macabeos 9, 12)
Y el malvado oraba a Dios -que no había de compadecerse de él-, y decía (II Macabeos 9, 13)
y, en fin, que se haría judío e iría por todos los lugares habitados proclamando el poder de Dios. (II Macabeos 9, 17)
Más aún; como ni así disminuían sus dolores, porque había venido sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su salud, escribió a los judíos esta carta en forma de súplica: (II Macabeos 9, 18)
Si estáis bien, junto con vuestros hijos, y se cumplen vuestros deseos, damos gracias a Dios, teniendo confianza en los cielos. (II Macabeos 9, 20)
para que sus súbditos no se turbaran si sucedía algún hecho imprevisto o llegaba alguna noticia desagradable, sabiendo todos en manos de quién quedaba el poder; (II Macabeos 9, 24)
Con la ayuda de Dios, el Macabeo y los suyos se apoderaron del templo y de la ciudad. (II Macabeos 10, 1)
Cuando los del Macabeo supieron que se iban acercando, hicieron súplicas a Dios con la cabeza cubierta de ceniza y los lomos ceñidos con cilicios. (II Macabeos 10, 25)
Prosternados ante el altar, pedían a Dios que se mostrara propicio y fuera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como está escrito en la ley. (II Macabeos 10, 26)