Löydetty 976 Tulokset: Padre
Nadab y Abihú murieron antes que su padre y no dejaron hijos, de manera que el sacerdocio recayó sobre Eleazar e Itamar. (I Crónicas 24, 2)
Éstos son los turnos de servicio para entrar en el templo del Señor según la ordenación transmitida por Aarón, su padre, conforme al mandato recibido del Señor, Dios de Israel. (I Crónicas 24, 19)
Hijos de Asaf: Zacur, José, Natanías y Asarela, que estaban bajo la dirección de Asaf, su padre, el cual profetizaba según las órdenes del rey. (I Crónicas 25, 2)
Todos cantaban bajo la dirección de su padre en el templo del Señor al son de címbalos, arpas y cítaras en servicio del templo de Dios, bajo las órdenes del rey: Asaf, Yedutún y Hemán. (I Crónicas 25, 6)
Josá, descendiente de Merarí, también tuvo hijos. Su jefe fue Simrí; así lo dispuso su padre, aunque no era el primogénito; (I Crónicas 26, 10)
Pero el Señor, Dios de Israel, me eligió entre toda la casa de mi padre para rey eterno de Israel. En efecto, eligió a Judá para caudillo, de Judá eligió a la casa de mi padre, y entre los hijos de mi padre se fijó en mí para hacerme reinar sobre Israel. (I Crónicas 28, 4)
Me ha dicho: Tu hijo Salomón construirá mi templo y mis atrios, pues lo he elegido como hijo y yo seré un padre para él. (I Crónicas 28, 6)
Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, sírvele con todo tu corazón, con ánimo bien dispuesto, porque el Señor escudriña los corazones de todos y penetra sus más secretos pensamientos. Si tú lo buscas, él se dejará encontrar; pero si tú lo abandonas, él se retirará para siempre. (I Crónicas 28, 9)
David bendijo al Señor ante toda la asamblea, diciendo: "Bendito seas tú, Señor, Dios de Israel, nuestro padre, desde la eternidad y para siempre. (I Crónicas 29, 10)
Salomón se sentó sobre el trono del Señor como rey, en lugar de David, su padre. Conoció la prosperidad y le obedeció Israel. (I Crónicas 29, 23)
Salomón respondió: "Tú trataste con gran bondad a mi padre David, y a mí me has constituido rey en su lugar. (II Crónicas 1, 8)
Ahora se cumple, Señor Dios, la promesa hecha a mi padre David, ya que tú me has constituido rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. (II Crónicas 1, 9)