Löydetty 1120 Tulokset: David Y Jonatán
David, con todo el ejército que le acompañaba, se puso en marcha y fue a Baalá de Judá para traer de allí el arca de Dios, que lleva el nombre del Señor todopoderoso que se sienta sobre los querubines. (II Samuel 6, 2)
David y toda la casa de Israel iban delante del arca cantando y bailando con todas sus fuerzas al son de las cítaras, arpas, tambores, sistros y címbalos. (II Samuel 6, 5)
David se disgustó mucho porque el Señor había castigado a Uzá, y aquel lugar fue llamado "Peres Uzá" hasta el día de hoy. (II Samuel 6, 8)
Aquel día David tuvo miedo del Señor, y se dijo: "¿Cómo entrará el arca en mi casa?". (II Samuel 6, 9)
Por eso no quiso llevar el arca del Señor a su casa, a la ciudad de David, y la llevó a casa de Obededón de Gat. (II Samuel 6, 10)
Cuando contaron al rey David que el Señor había bendecido a Obededón y todas sus cosas a causa del arca de Dios, David fue y trasladó el arca de Dios de casa de Obededón a la ciudad de David con gran júbilo. (II Samuel 6, 12)
David bailaba ante el Señor con todas sus fuerzas; llevaba ceñido un efod de lino. (II Samuel 6, 14)
Así David y toda la casa de Israel trasladaron el arca del Señor en medio de aclamaciones y del sonido de trompetas. (II Samuel 6, 15)
Cuando el arca del Señor llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, estaba mirando por la ventana y, al ver al rey David saltando y bailando, lo despreció en su corazón. (II Samuel 6, 16)
Metieron el arca del Señor y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación. (II Samuel 6, 17)
Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliación, bendijo al pueblo en el nombre del Señor todopoderoso. (II Samuel 6, 18)
Cuando David volvió a su casa para bendecirla, Mical, hija de Saúl, le salió al encuentro y le dijo: "¡Qué bien ha quedado hoy el rey de Israel desnudándose ante la vista de las criadas de sus servidores, como lo haría un hombre cualquiera!". (II Samuel 6, 20)