Löydetty 1919 Tulokset: San
pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh. (Salmos 5, 7)
Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor. (Salmos 5, 8)
Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados, (Salmos 6, 3)
que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados. (Salmos 9, 13)
«He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón. (Salmos 11, 2)
Yahveh en su Templo santo, Yahveh, su trono está en los cielos; ven sus ojos el mundo, sus párpados exploran a los hijos de Adán. (Salmos 11, 4)
Salmo. De David. Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte? (Salmos 15, 1)
ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!». (Salmos 16, 3)
Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios. (Salmos 16, 4)
de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan. (Salmos 17, 9)
mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos. (Salmos 18, 37)
El te envíe socorro desde su santuario, desde Sión sea tu apoyo. (Salmos 20, 3)