Löydetty 392 Tulokset: Eve
Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Mateo 10, 22)
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. (Mateo 11, 25)
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. (Mateo 11, 27)
La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: (Mateo 12, 20)
Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (Mateo 16, 17)
Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. (Mateo 18, 6)
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? (Mateo 18, 12)
Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (Mateo 24, 13)
Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. (Mateo 28, 3)
Le despidió al instante prohibiéndole severamente: (Marcos 1, 43)
Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos. (Marcos 2, 22)
«Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. (Marcos 9, 42)