Mosaico decorativo

Löydetty 4397 Tulokset: David Como Rey

  • Osem, el sexto; David, el séptimo. (I Crónicas 2, 15)

  • Estos son los hijos que le nacieron a David en Hebrón: el primogénito Amnón, hijo de Ajinoam, de Yizreel; el segundo, Daniel, hijo de Abigaíl de Carmelo; (I Crónicas 3, 1)

  • Estos son todos los hijos de David, sin contar los hijos de las concubinas. Hermana de ellos fue Tamar. (I Crónicas 3, 9)

  • Simí tuvo dieciséis hijos y seis hijas, pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, no se multiplicaron todas sus familias como los hijos de Judá. (I Crónicas 4, 27)

  • Bet Markabot, Jasar Susim, Bet Birí y Saaráyim. Estas fueron sus ciudades hasta el reino de David. (I Crónicas 4, 31)

  • Hijos de Rubén, primogénito de Israel. Rubén había nacido el primero, mas por haber manchado el tálamo de su padre fue dada su primogenitura a los hijos de José, hijo de Israel. Con todo, José no fue inscrito en las genealogías como el primogénito, (I Crónicas 5, 1)

  • Estos son los que puso David para dirigir el canto en la Casa de Yahveh, desde que el arca tuvo un lugar de reposo. (I Crónicas 6, 16)

  • Se dio a los hijos de Aarón como ciudades de asilo: Hebrón, Libná con sus ejidos, Yattir y Estemoa con sus ejidos, (I Crónicas 6, 42)

  • Se les asignó como ciudades de asilo: Siquem con sus ejidos, en la montaña de Efraím, Guézer con sus ejidos, (I Crónicas 6, 52)

  • Hijos de Tolá: Uzzí, Refaías, Yeriel, Yajmay, Yibsam y Samuel, jefes de las casas paternas de Tolá. Su número, en los días de David, era, según sus genealogías, de 22.600, valientes guerreros. (I Crónicas 7, 2)

  • Sallum, hijo de Qoré, hijo de Ebyasaf, hijo de Coré, y sus hermanos los coreítas, de la misma casa paterna, tenían el servicio del culto como guardianes de los umbrales de la Tienda, pues sus padres habían tenido a su cargo la guardia de acceso al campamento de Yahveh. (I Crónicas 9, 19)

  • El total de los elegidos para porteros era de 212, y estaban inscritos en sus problados. David y Samuel el vidente les habían establecido en sus cargos permanentemente. (I Crónicas 9, 22)


"Feliz a alma que atinge o nível de perfeição que Deus deseja!" São Padre Pio de Pietrelcina