Löydetty 1973 Tulokset: Oso
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, (Hechos 1, 21)
desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección». (Hechos 1, 22)
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. (Hechos 2, 5)
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? (Hechos 2, 8)
El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. (Hechos 2, 20)
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. (Hechos 2, 29)
A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. (Hechos 2, 32)
mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. (Hechos 3, 15)
Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído». (Hechos 4, 20)
«Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!». (Hechos 5, 28)
Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen». (Hechos 5, 32)
Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. (Hechos 5, 41)