Löydetty 1439 Tulokset: Muerte De David
porque es preferible que seamos sus prisioneros: así seremos esclavos, pero salvaremos nuestra vida y no tendremos que contemplar con nuestros propios ojos la muerte de nuestros pequeños, y no veremos a nuestras mujeres y a nuestros hijos exhalar el último suspiro. (Judit 7, 27)
Pero ahora, para que mi señor no sufra una derrota y un fracaso, y para que la muerte caiga sobre ellos, han incurrido en un pecado con el que provocarán la ira de su Dios apenas cometan ese desatino. (Judit 11, 11)
Judit le respondió: "¿Quién soy yo para contradecir a mi señor? Haré gustosamente todo lo que le agrade, y eso será para mí un motivo de alegría hasta el día de mi muerte". (Judit 12, 14)
Nadie atemorizó a los israelitas mientras vivió Judit, y hasta mucho tiempo después de su muerte. (Judit 16, 25)
Mardoqueo había criado a Hadasá -es decir, a Ester- hija de un tío suyo, que había quedado huérfana de padre y madre. La joven era muy hermosa y atractiva, y a la muerte de sus padres, Mardoqueo la había adoptado como hija. (Ester 2, 7)
Porque yo y mi pueblo hemos sido entregados al exterminio, a la muerte y a la destrucción. Si hubiéramos sido vendidos como esclavos y esclavas, me habría callado, ya que esa desgracia no habría perjudicado al rey". (Ester 7, 4)
dando muerte, especialmente, a Parsandata, Dalfón, Aspata, (Ester 9, 7)
a fin de que estos opositores de ayer y de hoy bajen al Abismo, en un mismo día, de muerte violenta. Así nos permitirán ejercer en el futuro un gobierno definitivamente estable y tranquilo". (Ester 13, 7)
Mientras tanto, Israel clamaba con todas sus fuerzas, porque veían que su muerte era inminente. (Ester 13, 18)
¡Invoca al Señor, háblale al rey a favor nuestro y líbranos de la muerte!". (Ester 15, 3)
Con toda clase de argucias, reclamó la pena de muerte para Mardoqueo, nuestro salvador y constante bienhechor, para Ester, nuestra irreprochable consorte real, y para su nación entera. (Ester 16, 13)
a los que ansían en vano la muerte y la buscan más que a un tesoro, (Job 3, 21)