Mosaico decorativo

Löydetty 1852 Tulokset: Eva

  • Ellos buscaban a los amigos de Judas, siguiéndoles las pistas, y se los llevaban a Báquides, que los castigaba y escarnecía. (I Macabeos 9, 26)

  • Pero los jambritas, que habitaban en Madabá, capturaron a Juan con todo lo que llevaba, y se fueron con el botín. (I Macabeos 9, 36)

  • Los extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides, huyeron, (I Macabeos 10, 12)

  • A todo judío llevado cautivo de Judá a cualquier parte de mi reino, le concedo la libertad gratuitamente, y ninguno estará obligado a pagar impuestos, ni siquiera los del ganado. (I Macabeos 10, 33)

  • Entonces un grupo de prevaricadores, la gente más indeseable de Israel, se confabularon contra él y lo acusaron ante el rey. Pero este, en lugar de hacerles caso, (I Macabeos 10, 61)

  • El rey lo hizo sentar a su lado y dijo a sus dignatarios: "Recorran con él la ciudad y proclamen que nadie se atreva a levantar ninguna acusación contra él ni a molestarlo por ningún motivo". (I Macabeos 10, 63)

  • Después regresó con su gente a Jerusalén, llevando consigo un gran botín. (I Macabeos 10, 87)

  • En ese tiempo, Jonatán reunió a los habitantes de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén y con ese fin levantó numerosas máquinas de guerra. (I Macabeos 11, 20)

  • y fue a Tolemaida a entrevistarse con el rey, llevando consigo plata, oro, vestiduras y muchos otros regalos. De esta manera, se ganó el favor del rey. (I Macabeos 11, 24)

  • Al mismo tiempo, le envió una vajilla de oro y un juego completo de mesa, autorizándolo a beber en copas de oro, a vestirse de púrpura y a llevar un prendedor de oro. (I Macabeos 11, 58)

  • Sus habitantes le hicieron una propuesta de paz y él la aceptó, pero los obligó a evacuar la ciudad, y se apoderó de ella, poniendo allí una guarnición. (I Macabeos 11, 66)

  • También resolvió elevar las murallas de Jerusalén y levantar un gran muro entre la Ciudadela y el resto de la ciudad, a fin de separarlas, de manera que la Ciudadela quedara aislada y sus habitantes no pudieran comprar ni vender. (I Macabeos 12, 36)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina