Löydetty 4547 Tulokset: David Como Rey
Y como ella tenía a unos hombres emboscados en la habitación, le gritó: "¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Pero él rompió las cuerdas de arco como se rompe un cordón de estopa al primer contacto con el fuego. Y no se descubrió el secreto de su fuerza. (Jueces 16, 9)
Él le respondió: "Si me atan fuertemente con cuerdas nuevas y sin usar, yo me debilitaría y sería como un hombre cualquiera". (Jueces 16, 11)
Dalila tomó unas cuerdas nuevas y lo ató con ellas. Luego gritó: "¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". En la habitación había gente emboscada, pero el rompió las cuerdas de sus brazos como si fueran un hilo. (Jueces 16, 12)
Dalila dijo a Sansón: "Hasta ahora me has estado engañando; no me has dicho más que mentiras. Vamos, dime con qué habría que atarte". Sansón le respondió: "Si entretejes las siete trenzas de mi cabellera con la urdimbre de un tejido, y las fijas con una clavija de telar, yo me debilitaría y sería como un hombre cualquiera". (Jueces 16, 13)
Entonces ella le dijo: "¿Cómo puedes decir que me quieres, si tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces y no me has revelado de dónde sacas tanta fuerza". (Jueces 16, 15)
Y como todos los días lo acosaba con sus palabras y no dejaba de importunarlo, fastidiado ya hasta de la vida, (Jueces 16, 16)
él le abrió todo su corazón y le dijo: "La navaja no ha pasado nunca por mi cabeza, porque estoy consagrado a Dios desde el seno de mi madre. Si me cortaran el cabello, mi fuerza se apartaría de mí, me debilitaría y sería como los demás hombres." (Jueces 16, 17)
Dalila gritó: "¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Al despertar de su sueño, Sansón pensó: "Saldré del paso como las otras veces y me libraré". Pero no sabía que el Señor se había apartado de él. (Jueces 16, 20)
Y como este hombre tenía un lugar de culto, se hizo un efod y unos ídolos familiares, e invistió a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. (Jueces 17, 5)
Había un hombre joven de Belén de Judá, del clan de Judá, que era levita y residía allí como forastero. (Jueces 17, 7)
el levita accedió a quedarse con aquel hombre, y el joven fue para él como uno de sus hijos. (Jueces 17, 11)
Entonces Micá exclamó: "¡Ahora sé que el Señor me hará prosperar, porque tengo a este levita como sacerdote!". (Jueces 17, 13)