Löydetty 41 Tulokset: Terrible

  • Los otros, los pecadores, habían sido advertidos por violentas tormentas, antes que cayeran sobre ellos los castigos. Fueron castigados con toda justicia por su propia maldad, porque habían mostrado un odio terrible hacia los extranjeros. (Sabiduría 19, 13)

  • Lo hizo tan glorioso como los ángeles, lo volvió poderoso, terrible para sus enemigos; (Sirácides (Eclesiástico) 45, 2)

  • Había clamado al Señor, al Altísimo, y éste le dio a su brazo la fuerza para acabar con ese terrible combatiente; así le dio la victoria a su pueblo. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 5)

  • Porque el Dios Terrible de los pueblos es pura nada. Es un palo cortado en un bosque, labrado con azuela por las manos del maestro (Jeremías 10, 3)

  • Enviaré sobre los habitantes de esta ciudad, hombres y bestias, una terrible peste, para que mueran. (Jeremías 21, 6)

  • Me vengaré de manera terrible: entonces sabrán que yo soy Yavé. (Ezequiel 25, 17)

  • Tú veías una estatua enorme, de extraordinario brillo y aspecto terrible, que se levantaba delante de ti. (Daniel 2, 31)

  • Seguí mirando en mis visiones nocturnas y vi la terrible cuarta bestia. Era espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba y lo sobrante lo pisoteaba con las patas. (Daniel 7, 7)

  • Después quise saber la verdad sobre la cuarta bestia, que era diferente de las otras, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que comía, trituraba y pisoteaba lo restante con sus patas. (Daniel 7, 19)

  • El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre cuando se acerque el día de Yavé, día grande y terrible. (Joel 3, 4)

  • Tú observas los decretos de Omri y todas las normas de la familia de Ajab, pero si tú sigues sus ejemplos, yo te pondré de ejemplo terrible, para que se burlen de tus habitantes y para que seas despreciada por todo el mundo. (Miqueas 6, 16)

  • Yavé es un Dios celoso y vengador. Se venga contra sus adversarios y su ira es terrible. (Nahún 1, 2)


“O Anjo de Deus não nos abandona jamais.” São Padre Pio de Pietrelcina