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Por tanto, esto dice el Señor Dios: lo mismo que el leño de la vid entre los árboles del bosque, al cual he entregado como pasto al fuego, así trataré a los habitantes de Jerusalén. (Ezequiel 15, 6)
y germinó y se hizo una vid desbordante, de poca altura; sus sarmientos tiraban hacia el águila y sus raíces estaban bajo ella. Se hizo una vid, echó ramas, multiplicó los sarmientos. (Ezequiel 17, 6)
Había también otra águila grande, de largas alas y espeso plumaje. Y he aquí que esta vid tendió sus raíces hacia ella, hacia ella alargó sus sarmientos, para que la regase más que la tierra donde estaba plantada. (Ezequiel 17, 7)
En buen terreno, junto a aguas generosas estaba plantada, para echar pámpanos y dar fruto, para hacerse una vid exuberante. (Ezequiel 17, 8)
Por mi vida, dice el Señor Dios, que no repetiréis más este refrán en Israel. (Ezequiel 18, 3)
Pues todas las vidas son mías; la vida del padre lo mismo que la vida del hijo; quien peque es el que morirá. (Ezequiel 18, 4)
Y si el criminal se aparta de la injusticia que había cometido y practica el derecho y la justicia, salvará su vida. (Ezequiel 18, 27)
Tu madre era como una vid plantada junto a las aguas, exuberante de frutos y ramas por la abundancia de agua. (Ezequiel 19, 10)
Allí les di mis preceptos y les di a conocer mis leyes, que son fuente de vida para quien las observa. (Ezequiel 20, 11)
Pero el pueblo de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no caminaron según mis preceptos, despreciaron mis leyes que dan la vida a quien las observa, y profanaron mis sábados, por lo cual decidí derramar sobre ellos mi furor en el desierto y exterminarlos. (Ezequiel 20, 13)
Pero también los hijos se rebelaron contra mí; no caminaron según mis preceptos, no guardaron ni pusieron en práctica mis leyes, que dan la vida a quien las observa, y profanaron mis sábados. Entonces pensé derramar sobre ellos mi furor y desfogar mi ira contra ellos en el desierto. (Ezequiel 20, 21)
En cuanto a vosotros, casa de Israel, esto dice el Señor Dios: ¡Servid, servid, cada uno a vuestros ídolos! Pero más tarde, sí, me escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos; (Ezequiel 20, 39)