Mosaico decorativo

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  • Tenía veinticinco años cuando empezó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. (II Crónicas 27, 8)

  • Acaz tenía veinte años cuando subió al trono, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo que es justo a los ojos del Señor, como su padre David, (II Crónicas 28, 1)

  • Había allí un profeta del Señor, llamado Obed, que salió al encuentro del ejército que regresaba a Samaría, y les dijo: "El Señor, Dios de nuestros padres, en su ira contra los de Judá los ha entregado en vuestras manos; pero vosotros los habéis matado con furor tal, que ha subido hasta el cielo. (II Crónicas 28, 9)

  • Y ahora queréis hacer a los de Judá y Jerusalén esclavos y esclavas vuestros. Pero es que ¿no sois también vosotros culpables ante el Señor vuestro Dios? (II Crónicas 28, 10)

  • Azarías, hijo de Yehojanán; Berequías, hijo de Meselimot; Ezequías, hijo de Salún, y Amasá, hijo de Jadly, todos ellos jefes efraimitas, se enfrentaron contra los que volvían de la guerra, (II Crónicas 28, 12)

  • Acaz reunió objetos del templo de Dios y los hizo pedazos, cerró las puertas del templo del Señor e hizo altares en todos los rincones de Jerusalén, (II Crónicas 28, 24)

  • Murió y fue sepultado con sus padres en Jerusalén, pero no en el panteón real. Le sucedió su hijo Ezequías. (II Crónicas 28, 27)

  • Ezequías tenía veinticinco años cuando subió al trono, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abí, y era hija de Zacarías. (II Crónicas 29, 1)

  • El Señor ha montado en cólera contra Judá y Jerusalén, los ha hecho objeto de terror, estupor y burla, como podéis ver con vuestros propios ojos. (II Crónicas 29, 8)

  • El rey Ezequías y los jefes dieron la orden a los levitas de alabar al Señor con los salmos de David y de Asaf, el vidente. Cantaron los salmos con gran alegría, y luego se arrodillaron en actitud de adoración. (II Crónicas 29, 30)

  • Ezequías mandó mensajeros por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y Manasés para que vinieran al templo del Señor, a Jerusalén, a celebrar la pascua en honor del Señor, Dios de Israel. (II Crónicas 30, 1)

  • Después de previa deliberación, el rey, sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén decidieron celebrar la pascua en el segundo mes, (II Crónicas 30, 2)


"Não sejamos mesquinhos com Deus que tanto nos enriquece." São Padre Pio de Pietrelcina