Mosaico decorativo

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  • ellos, si, después de una buena investigación, averiguan que el testigo había declarado en falso contra su hermano, (Deuteronomio 19, 18)

  • Cuando salgas a hacer la guerra contra tus enemigos y veas los caballos y los carros de un pueblo más numeroso que tú, no tengas miedo de ello, pues el Señor, tu Dios, está contigo, el mismo que te sacó de Egipto. (Deuteronomio 20, 1)

  • diciendo: ¡Escucha, Israel! Hoy mismo vais a dar la batalla contra vuestros enemigos. No desfallezca vuestro corazón. No temáis, no tembléis ni os asustéis ante ellos, (Deuteronomio 20, 3)

  • pues el Señor, vuestro Dios, va delante de vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos y daros la victoria. (Deuteronomio 20, 4)

  • Luego hablarán al pueblo los escribas, diciendo: ¿Hay alguno que tenga edificada una casa nueva y no la haya estrenado todavía? Que se vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y sea otro quien la estrene. (Deuteronomio 20, 5)

  • Eso mismo harás con todas las ciudades que están muy distantes y no pertenecen a estas naciones. (Deuteronomio 20, 15)

  • En las ciudades de estas naciones que el Señor, tu Dios, te da como heredad, no dejarás nada con vida. (Deuteronomio 20, 16)

  • Si para conquistar una ciudad te ves obligado a sitiarla por largo tiempo, no destruyas los árboles a golpe de hacha. Come sus frutos, pero no los tales. ¿Es que son hombres los árboles del campo para que los asedies? (Deuteronomio 20, 19)

  • Solamente podrás destruir y talar los árboles que no dan fruto y servirte de ellos en el asedio contra las ciudades que están en guerra contigo hasta que caigan en tu poder. (Deuteronomio 20, 20)

  • para localizar la más cercana. Entonces los ancianos de esta ciudad tomarán una becerra que no haya trabajado todavía ni haya sido uncida al yugo, (Deuteronomio 21, 3)

  • y dirán en alta voz: Nuestras manos no han derramado esta sangre ni lo han visto nuestros ojos. (Deuteronomio 21, 7)

  • se quitará el vestido que llevaba cuando fue hecha prisionera, se quedará en tu casa y llorará a sus padres durante un mes; luego podrás acercarte a ella; tú serás su marido y ella tu mujer. (Deuteronomio 21, 13)


"O verdadeiro servo de Deus é aquele que usa a caridade para com seu próximo, que está decidido a fazer a vontade de Deus a todo custo, que vive em profunda humildade e simplicidade". São Padre Pio de Pietrelcina