Mosaico decorativo

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  • Así que el mayordomo de palacio, los grandes de la ciudad, los ancianos y los tutores mandaron a decir a Jehú: "Somos tus siervos; haremos lo que nos mandes. A nadie proclamaremos rey; haz lo que quieras". (II Reyes 10, 5)

  • Entonces les escribió una segunda carta, diciendo: "Si estáis conmigo y me obedecéis, tomad las cabezas de los hijos de vuestro señor y mañana, a estas horas, venid a mí a Yezrael". Los setenta hijos del rey estaban con los grandes de la ciudad que los educaban. (II Reyes 10, 6)

  • Todo el pueblo se llenó de júbilo, y la ciudad quedó tranquila, pues Atalía había muerto a espada en el palacio real. (II Reyes 11, 20)

  • Le asestaron el golpe sus siervos Yozacar, hijo de Simat, y Yehozabad, hijo de Somer, y murió. Fue sepultado con sus antepasados en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Amasías. (II Reyes 12, 22)

  • Lo transportaron sobre caballos y lo enterraron con sus padres en Jerusalén, la ciudad de David. (II Reyes 14, 20)

  • Azarías murió y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Jotán. (II Reyes 15, 7)

  • Menajén devastó a Tapúaj y todo lo que había en ella y en sus alrededores desde Tirsá, porque no le habían abierto las puertas de la ciudad; además rajó el vientre a todas las embarazadas. (II Reyes 15, 16)

  • Jotán murió y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David, su padre. Le sucedió en el trono su hijo Acaz. (II Reyes 15, 38)

  • Murió y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Ezequías. (II Reyes 16, 20)

  • Pero aquellas gentes se hicieron sus dioses, y los colocaron en los santuarios de las colinas que los samaritanos habían construido, cada uno en la ciudad en que vivía. (II Reyes 17, 29)

  • ni os haga confiar en el Señor, diciendo: El Señor nos librará y no entregará esta ciudad en manos del rey de Asiria. (II Reyes 18, 30)

  • ¿Dónde están ahora el rey de Jamat, el de Arpad, de la ciudad de Sefarváyim, de Hená y Avá?". (II Reyes 19, 13)


"O demônio é forte com quem o teme, mas é fraquíssimo com quem o despreza." São Padre Pio de Pietrelcina