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No pasa lo mismo con el que consagra su vidaa reflexionar sobre la Ley del Altísimo. Él busca la sabiduría de todos los antiguos y dedica su tiempo a estudiar las profecías; (Eclesiástico 39, 1)
Muchos alabarán su inteligencia, que nunca caerá en el olvido; su recuerdo no se borrará jamás y su nombre vivirá para siempre. (Eclesiástico 39, 9)
Lo más indispensable para la vida del hombre es el agua y el fuego, el hierro y la sal, la harina de trigo, la leche y la miel, la sangre de la vid, el aceite y la ropa: (Eclesiástico 39, 26)
desde el que lleva púrpura y corona hasta el que va vestido miserablemente, sólo sienten rabia y envidia, turbación e inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y rivalidad; (Eclesiástico 40, 4)
Dulce es la vida del que se basta a sí mismo y del que trabaja, pero más todavía la del que encuentra un tesoro. (Eclesiástico 40, 18)
No merece llamarse vida la del que está pendiente de la mesa de otro. Él mancha su boca con comida ajena, y el hombre instruido y bien educado se cuida de hacerlo. (Eclesiástico 40, 29)
¡Muerte, qué amargo es tu recuerdopara el que vive tranquilo en medio de sus bienes, para el hombre despreocupado, a quien todo le va bien y aún tiene vigor para disfrutar de la vida! (Eclesiástico 41, 1)
Esta es la sentencia del Señor para todo ser viviente: ¿por qué oponerse a la voluntad del Altísimo? Aunque vivas diez, cien o mil años, en el Abismo no te echarán en cara lo que hayas vivido. (Eclesiástico 41, 4)
Una vida feliz tiene sus días contados, pero el buen nombre permanece para siempre. (Eclesiástico 41, 13)
de lograr beneficios en el comercio, de corregir frecuentemente a tus hijos, ni de hacer sangrar las espaldas de un mal servidor. (Eclesiástico 42, 5)
Si tu hija es atrevida, vigílala bien, no sea que te convierta en la burla de tus enemigos, en la habladuría de la ciudad y el comentario de la gente, y te cubra de vergüenza a los ojos de todos. (Eclesiástico 42, 11)
Todo tiene vida y permanece para siempre, y todo obedece a un fin determinado. (Eclesiástico 42, 23)