Mosaico decorativo

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  • Los que presidían este banquete ritual contrario a la Ley, como lo conocían desde hacía mucho tiempo, lo llevaron aparte y le rogaron que hiciera traer carne preparada expresamente para él y que le estuviera permitido comer. Asimismo le dijeron que fingiera comer la carne del sacrificio, conforme a la orden del rey. (II Macabeos 6, 21)

  • "A nuestra edad, decía, no está bien fingir. De lo contrario, muchos jóvenes creeránque Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas. (II Macabeos 6, 24)

  • Una vez que el primero murió de esta manera, llevaron al suplicio al segundo. Después de arrancarle el cuero cabelludo, le preguntaron: "¿Vas a comer carne de cerdo, antes que sean torturados todos los miembros de tu cuerpo?". (II Macabeos 7, 7)

  • Pero él, respondiendo en su lengua materna, exclamó: "¡No!". Por eso, también él sufrió la misma tortura que el primero. (II Macabeos 7, 8)

  • Una vez que murió este, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. (II Macabeos 7, 13)

  • Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta en el Señor. (II Macabeos 7, 20)

  • Así murió el último de los jóvenes, de una manera irreprochable y con entera confianza en el Señor. (II Macabeos 7, 40)

  • Finalmente murió la madre, después de todos sus hijos. (II Macabeos 7, 41)

  • teniendo bien presente los ultrajes perpetrados contra el Santuario, las violencias contra la Ciudad humillada y la supresión de las costumbres de sus antepasados. (II Macabeos 8, 17)

  • Enfurecido a causa de esto, pensaba desquitarse con los judíos de la afrenta que le habían inferido los que le obligaron a emprender la retirada. Entonces ordenó al auriga que condujera el carro sin parar hasta el fin del trayecto. Pero, en realidad, ya era inminente el juicio del Cielo porque él había dicho lleno de arrogancia: "Al llegar allí, haré de Jerusalén un cementerio de judíos". (II Macabeos 9, 4)

  • A pesar de esto, no cedía en lo más mínimo su arrogancia; por el contrario, siempre lleno de soberbia, y exhalando contra los judíos el fuego de su furor, mandaba acelerar la marcha. Pero mientras avanzaba velozmente, se cayó del carro y todos los miembros de su cuerpo quedaron lesionados por la violencia de la caída. (II Macabeos 9, 7)

  • que declararía libre a la Ciudad santa, a la que antes se había dirigido rápidamente para arrasarla y convertirla en un cementerio; (II Macabeos 9, 14)


"Devo fazer somente a vontade de Deus e, se lhe agrado, o restante não conta." São Padre Pio de Pietrelcina