Mosaico decorativo

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  • Aquel día, el Señor de los ejércitos será una espléndida corona y una diadema de gloria para el resto de su pueblo; (Isaías 28, 5)

  • Ahora bien: en un lenguaje balbuciente y en una lengua extranjera, el Señor hablará a este pueblo, (Isaías 28, 11)

  • Por eso, escuchen la palabra del Señor, ustedes, gente burlona, dominadores de este pueblo que está en Jerusalén. (Isaías 28, 14)

  • El Señor ha dicho: Este pueblo se acerca a mí con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene no es más que un precepto humano, aprendido por rutina. (Isaías 29, 13)

  • Por eso, yo seguiré haciendo prodigios, prodigios estupendos, en medio de este pueblo: desaparecerá la sabiduría de sus sabios y se eclipsará la inteligencia de sus inteligentes. (Isaías 29, 14)

  • todos ellos serán defraudados por un pueblo que no sirve de nada, que no les aporta ayuda ni provecho, sino vergüenza y oprobio. (Isaías 30, 5)

  • Oráculo sobre las bestias del Négueb: Por una tierra de miseria y angustia, de donde salen la leona y el león, la víbora y la serpiente voladora, ellos llevan sus riquezas a lomo de asnos y sus tesoros sobre la giba de los camellos, a un pueblo que no sirve de nada. (Isaías 30, 6)

  • Porque este es un pueblo en rebeldía, son hijos mentirosos, hijos que no quieren escuchar la enseñanza del Señor. (Isaías 30, 9)

  • Sí, pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá. (Isaías 30, 19)

  • Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió. (Isaías 30, 26)

  • por el suelo de mi pueblo, porque crecerán espinas y zarzas en todas las casas felices de la ciudad alegre. (Isaías 32, 13)

  • Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos (Isaías 32, 18)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina