Mosaico decorativo

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  • un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; (Eclesiastés 3, 5)

  • Pero esto es lo que todavía busco, sin haberlo encontrado: He logrado encontrar a un hombre entre mil, pero entre todas las mujeres no hallé ni una sola. (Eclesiastés 7, 28)

  • Por eso, elogié la alegría, ya que lo único bueno para el hombre bajo el sol es comer, beber y sentirse contento: esto es lo que le sirve de compañía en sus esfuerzos mientras duran los días de su vida, que Dios le concede bajo el sol. (Eclesiastés 8, 15)

  • Vale más la sabiduría que las máquinas de guerra, pero una sola falla malogra mucho bien. (Eclesiastés 9, 18)

  • Yo entré en mi jardín, hermana mía, novia mía; recogí mi mirra y mi bálsamo, comí mi miel y mi panal, bebí mi vino y mi leche. ¡Coman, amigos míos, beban, y embriáguense de amor! (Cantar 5, 1)

  • La Amada: Mi amado ha bajado a su jardín, a los canteros perfumados, para apacentar su rebaño en los jardines, para recoger lirios. (Cantar 6, 2)

  • Pero una sola es mi paloma, mi preciosa. Ella es la única de su madre, la preferida de la que la engendró: al verla, la felicitan las jóvenes, las reinas y concubinas la elogian. (Cantar 6, 9)

  • La Amada: Yo bajé al jardín de los nogales, a ver los retoños del valle, a ver si brotaba la viña, si florecían los granados... (Cantar 6, 11)

  • Yo dije: Subiré a la palmera, y recogeré sus frutos. ¡Que tus pechos sean como racimos de uva, tu aliento como aroma de manzanas, (Cantar 7, 9)

  • ¿De qué nos sirvió nuestra arrogancia? ¿De qué nos valió jactarnos de las riquezas? (Sabiduría 5, 8)

  • Porque, a partir de la grandeza y hermosura de las cosas, se llega, por analogía, a contemplar a su Autor. (Sabiduría 13, 5)

  • Sin embargo, cuando ruega por sus bienes, por su hogar o sus hijos, no se avergüenza de dirigir la palabra a ese objeto sin vida: ¡reclama salud a un inválido, (Sabiduría 13, 17)


"Quem te agita e te atormenta é o demônio. Quem te consola é Deus!" São Padre Pio de Pietrelcina