Mosaico decorativo

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  • Roboám tomó por esposa a Majalat, hija de Ierimot, hijo de David y de Abijáil, hijo de Eliab, hijo de Jesé. (II Crónicas 11, 18)

  • Roboám puso al frente de sus hermanos a Abías, hijo de Maacá, constituyéndolo príncipe heredero, porque quería hacerlo rey. (II Crónicas 11, 22)

  • Roboám se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David. Su hijo Abías reinó en lugar de él. (II Crónicas 12, 16)

  • Pero Jeroboám, hijo de Nebat, servidor de Salomón, hijo de David, se reveló contra su señor. (II Crónicas 13, 6)

  • Unos hombres inútiles e impíos se unieron a él y prevalecieron sobre Roboám, hijo de Salomón, porque Roboám era joven y débil, y no supo hacerles frente. (II Crónicas 13, 7)

  • Abías se fue a descansar con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Su hijo Asá reinó en lugar de él. En tiempos de este el país gozó de paz durante diez años. (II Crónicas 13, 23)

  • Azarías, hijo de Oded, sobre el que había descendido el espíritu de Dios, (II Crónicas 15, 1)

  • Al oír estas palabras y la profecía que había pronunciado Azarías, hijo de Oded, Asá se decidió a eliminar los ídolos abominables de todo el territorio de Judá y Benjamín, y también de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraím. Además, restauró el altar del Señor que estaba delante del Vestíbulo del Templo. (II Crónicas 15, 8)

  • En lugar de Asá reinó su hijo Josafat, el cual logró imponerse sobre Israel. (II Crónicas 17, 1)

  • A su lado, Amasías, hijo de Zicrí, que se había consagrado espontáneamente al Señor, con 200.000 guerreros. (II Crónicas 17, 16)

  • El rey de Israel dijo a Josafat: "Si, queda todavía un hombre por cuyo intermedio se podría consultar al Señor. Pero yo lo detesto, porque nunca me vaticina nada bueno, sino sólo desgracias: es Miqueas, hijo de Imlá". "No hable el rey de esa manera", replicó Josafat. (II Crónicas 18, 7)

  • Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco y ordenó: "Que venga en seguida Miqueas, hijo de Imlá". (II Crónicas 18, 8)


"O Santo Sacrifício da Missa é o sufrágio mais eficaz que ultrapassa todas as orações." São Padre Pio de Pietrelcina