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Mientras tanto, Abner se había entrevistado con los ancianos de Israel, diciendo: "Ya hace tiempo que ustedes quieren a David como rey. (II Samuel 3, 17)
Actúen ahora mismo, porque el Señor le ha dicho: ‘Por medio de David salvaré a mi pueblo Israel del poder de los filisteos y del poder de todos sus enemigos’". (II Samuel 3, 18)
Abner habló también a los hombres de Benjamín, y luego fue a comunicarle personalmente a David, en Hebrón, lo que habían acordado Israel y toda la casa de Benjamín. (II Samuel 3, 19)
Abner, acompañado de veinte hombres, se presentó a David en Hebrón, y este les ofreció un banquete. (II Samuel 3, 20)
Abner dijo a David: "Ahora mismo iré a reunir a todo Israel ante el rey, mi señor. Ellos harán un pacto contigo, y tú reinarás conforme a tus deseos". David despidió a Abner, y él se fue en paz. (II Samuel 3, 21)
Poco después, los servidores de David llegaron con Joab de una incursión, trayendo un gran botín. Abner ya no estaba con David en Hebrón, porque este lo había despedido y él se había ido en paz. (II Samuel 3, 22)
Joab salió de la presencia de David y envió detrás de Abner unos mensajeros, que lo hicieron volver desde la cisterna de Sirá, sin que David supiera nada. (II Samuel 3, 26)
Cuando Abner estuvo de vuelta en Hebrón, Joab lo llevó aparte a un lado de la entrada, como para hablar con él en privado, y allí lo hirió mortalmente en el bajo vientre, a causa de la sangre de su hermano Asael. (II Samuel 3, 27)
David se enteró en seguida de lo sucedido y exclamó: "Yo y mi reino somos inocentes para siempre, delante del Señor, de la sangre de Abner, hijo de Ner. (II Samuel 3, 28)
Luego David dijo a Joab y a todo el pueblo que estaba con él: "Rasguen sus vestiduras, vístanse de luto y laméntense por Abner". Y el rey David iba caminando detrás del féretro, (II Samuel 3, 31)
Todo el pueblo trató de obligar a David a que comiera algo cuando aún era de día, pero David pronunció este juramento: "¡Que Dios me castigue una y otra vez, si llego a probar pan o cualquier otro bocado antes de la puesta del sol!". (II Samuel 3, 35)
Y todo el pueblo, al tener conocimiento de esto, lo aprobó, como aprobaba todo lo que hacía el rey. (II Samuel 3, 36)