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Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo». (Juan 11, 3)
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. (Juan 11, 5)
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama». (Juan 11, 28)
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, (Juan 11, 33)
y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto». (Juan 11, 39)
Y, tomando hojas de palmera, salieron a su encuentro y lo aclamaban diciendo: «¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!». (Juan 12, 13)
Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». (Juan 13, 10)
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». (Juan 13, 27)
Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. (Juan 18, 13)
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, (Juan 18, 15)
Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. (Juan 18, 24)
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. (Juan 19, 25)