Mosaico decorativo

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  • Y estas dos suertes se han verificado en la hora, el momento y el día del juicio delante de Dios y para todos los pueblos. (Ester 10, 11)

  • Sí, Dios se acordó de su pueblo e hizo justicia a su herencia. (Ester 10, 12)

  • Por eso estos días del mes de Adar, el catorce y el quince de dicho mes, serán celebrados como días de asamblea, de gozo y alegría delante de Dios, a lo largo de todas las generaciones, en Israel, su pueblo". (Ester 10, 13)

  • Toda la nación de los justos se estremeció: aterrorizados por su desgracia, ellos se dispusieron a perecer y clamaron a Dios. (Ester 11, 9)

  • Al despertar, Mardoqueo, que intuyó en este sueño lo que Dios había resuelto hacer, estuvo pensando en él hasta la noche y trataba de comprenderlo en todos sus detalles. (Ester 11, 12)

  • Si yo hice esto, fue para no poner la gloria de un hombre por encima de la gloria de Dios: no, no me postraré ante nadie sino sólo ante ti, Señor, y esto no lo hago por soberbia. (Ester 13, 14)

  • Y ahora, Señor, Dios y Rey, Dios de Abraham, perdónale la vida a tu pueblo, porque están mirando cómo destruirnos y ansían exterminar la herencia que ha sido tuya desde siempre. (Ester 13, 15)

  • Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo: "¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti (Ester 14, 3)

  • Tu servidora no encontró la felicidad desde que cambió de condición hasta el presente, a no ser junto a ti, Señor, Dios de Abraham. (Ester 14, 18)

  • ¡Dios, que tienes poder sobre todos, oye la voz de los desesperados: líbranos de las manos de los perversos y líbrame a mí de todo temor!". (Ester 14, 19)

  • Así, deslumbrante de hermosura, invocó a Dios que vela por todos y los salva. Luego tomó consigo a las dos damas de compañía (Ester 15, 5)

  • Pero Dios cambió el espíritu del rey y lo movió a la mansedumbre. Lleno de inquietud, se precipitó de su trono y la tomó entre sus brazos, mientras ella volvía en sí. La reconfortó con palabras tranquilizadoras, diciéndole: (Ester 15, 11)


"Feliz a alma que atinge o nível de perfeição que Deus deseja!" São Padre Pio de Pietrelcina