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pues David había dicho:«Yavé, el Dios de Israel, ha dado reposo a su pueblo y mora en Jerusalén para siempre, (1 Crónicas 23, 25)
A su hijo Semaías le nacieron hijos, que se impusieron en sus familias paternas, pues eran hombres valerosos. (1 Crónicas 26, 6)
Hijos de Semaías: Otní, Rafael, Obed, Elzabad y sus hermanos, hombres valerosos, Elihú y Semakías. (1 Crónicas 26, 7)
Mesalemías tuvo hijos y hermanos, dieciocho hombres valerosos. (1 Crónicas 26, 9)
De los hebronitas: Jesabías y sus hermanos, hombres muy valerosos en número de mil setecientos, gobernaban la parte de Israel que está al otro lado del Jordán hacia el poniente, en todos los negocios concernientes al servicio de Yavé y del rey. (1 Crónicas 26, 30)
El jefe de los hebronitas era Jería, según la genealogía paterna de los hebronitas. Se hicieron investigaciones al respecto en el año cuarenta del reinado de David y se hallaron entre ellos hombres valerosos que habían estado en Yaser de Galaad. (1 Crónicas 26, 31)
También los hermanos de Jería eran hombres valerosos, en número de dos mil setecientos jefes de familias. (1 Crónicas 26, 32)
Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón entero y con ánimo cariñoso, porque Yavé sondea a todos los corazones y penetra los pensamientos en todas sus formas. Si lo buscas, se dejará encontrar, pero si lo dejas, él te arrojará para siempre. (1 Crónicas 28, 9)
Yavé engrandeció en gran manera a Salomón a los ojos de todo el pueblo de Israel, y le dio un reinado glorioso como nunca había tenido ninguno de los que habían tenido el mando en Israel antes que él. (1 Crónicas 29, 25)
Ahora, pues, ¡oh Yavé!, se cumple tu promesa a David, mi padre, ya que me has hecho rey de un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. (2 Crónicas 1, 9)
Nosotros cortaremos en el Líbano toda la madera que necesites, y la pondremos en balsas, para llevarla por mar hasta Jope; luego la llevarás de allí a Jerusalén.» (2 Crónicas 2, 15)
Y ahora: ¡levántate, Yavé Dios, hacia tu reposo, tú y el Arca de tu fuerza! ¡Que tus sacerdotes, Yavé Dios, se revistan de tu fuerza salvadora y tus fieles gocen de la felicidad! (2 Crónicas 6, 41)